Amigos
Salvador Alcocer
Nació en 1930 en la ciudad de México, pero Querétaro he sido desde siempre su lugar de residencia. Ha publicado los poemarios 11:30 pasado meridiano (Preparatoria de San Juan del Río), ¡¿Qué ciudad es ésta?! (UNAM, 1978), Faltan tres huevos para el amanecer (Ediciones El Juego, 1978), Impreso autorizado (Octavillas de Gatuperio, 1993), Árbol de fuego (Gobierno del Estado de Querétaro, 1990), La casa de otoño (Gobierno del Estado de Querétaro, 1996), Papeles en la mesa (Ediciones Tunastral, 1998), Kiria Shulamith (Preparatoria de San Juan del Río, 1976; reedición: Centro de Creación y Estudios Literarios / CONACULTA, 1999), Libro feo (SUPAUAQ, 2000), Fascinación y sonidos locales (Fondo Editorial de Querétaro, 2000), Nuevo libro (El Hechicero, Ediciones / FEQ, 2003), Ciudad central (Fondo Editorial de Querétaro, 2005). Publicó también el libro de poemas en prosa Mientras cae la gota de agua (Gobierno del Estado de México, 1974) y el libro de relatos Canario ciego (UAQ, 1984).
José Luis Sierra
Egresado de la Universidad Autónoma de Querétaro en cuyas aulas ha ejercido la docencia en el campo de la literatura hispanoamericana. Realizó estudios de especialización en España y ha sido profesor invitado para impartir conferencias y lecturas en universidades del país y del extranjero. Su ejercicio literario es amplio y diverso: ha coordinado talleres literarios, suplementos culturales, programas radiofónicos, proyectos editoriales; ha participado en eventos literarios locales, nacionales e internacionales. En varias ocasiones ha sido invitado a participar en el Encuentro de Poetas del Mundo Latino que se realiza anualmente en la ciudad de Morelia.
José María
con alguna nube gris, su alma;
en contubernio con aquel ciprés
(… tal alto que es envueltito de albas).
O como si en una búsqueda
se le entretuviera el resuello
(… porque luego mira allá o desde acá).
Como si fuera una locura primaveral
la carta cabal.
No se te mira destino, hijo mío…
No ves lejos con esos ojos chiquitos.
Tu voz tan blanca
no arriba a esta plaza.
Pero sí desde la esquina.
¿Y si cargaras ritos?
¿Y si rezaras a un dios?
Marco Antonio Campos
Poeta, narrador, ensayista y traductor. Ha publicado una veintena de libros. Destacan los de poesía: Muertos y disfraces, Una seña en la sepultura, Monólogos, La ceniza en la frente, Los adioses del forastero y Poesía Reunida (1970-1996); las novelas Que la carne es hierba y Hemos perdido el reino; y los volúmenes de cuentos La desaparición de Fabricio Montesco y No pasará el invierno. En 2004 se le distinguió con la Medalla Presidencial Centenario de Pablo Neruda, que otorga el Gobierno de Chile. Obtuvo los premios mexicanos Xavier Villaurrutia (1992) y Nezahualcóyotl (2005) y el Premio Casa de América (2005) en España, por el libro Viernes en Jerusalén.
Elena Liliana Popescu
Licenciada y Doctora en Matemáticas por la Universidad de Bucarest. Miembro de la Unión de Escritores de Rumania, sección Poesía. Tiene publicados varios libros de poesía, y como traductora ha traducido al ingles, francés y español, y sus trabajos han sido publicados en libros y revista de Rumania y el extranjero.
NO SABÍAS
a tu lado
y tú
no lo sabías,
fascinado
por el brillo
de las caras
que
su enemiga
presentaba
ante
tus ojos
aún cerrados.
ME BUSCARÁS
allí
donde me dejaste
esperándote.
desesperadamente
dondequiera
te imagines
que yo pueda
estar.
quién sabe,
ni siquiera cuando yo
seque las lagrimas
de tu dolor.
Lariza Fuentes López
Poeta y editora. Miembro de la AHS. Licenciada de Letras por la Universidad Central "Marta Abreu" de las Villas. Poemas suyos aparecen en publicaciones periódicas de Cuba y Puerto Rico.
SOY EL ASESINO DE LAS AVES.
para admirar este continente
y ahogar cada pluma moribuda
en las edades pasadas.
Los nombres de cada ave
habitaron esta ancha faja de tierra
que rechacé en la oscuridad.
los viajes hacia los continentes de razas,
de dioses, de pretéritas narraciones.
Extrañamente atino al principio de tanta
luz,
al tiempo de volar por cada nombre,
donde no crujen las sogas tras el disparo
hacia el infinito,
porque todo lo que surcaba el cielo me
perteneció
junto a la ráfaga de sonido.
que no tengo a quién decir un poema
ni meditar en una tarde,
cuando ya no he dejado aves en el cielo
y un murmullo sibilante
me dicta la caída de todo lo que me he
atrevido a matar
humillado del hambre.
¿DÓNDE ESTÁ EL HIJO?
buscando mi sombra,
una brújula que le marcara
el destino a la ignorada soledad.
y escapa a mi silencio,
al hambre de tocar su recorrido por la proa
buscando un indicio,
una ligera caricia
que algún día identificaría entre tantas.
y me acosa en las noches
a la hora de matar y luego sonreír.
Quizás pudiera ser un trozo de pez
colgado sobre el mástil;
o una triste revelación anclada en la orilla.