UNA PROPUESTA SECULAR
Aventura del ocio crítico o pasión del orden hacia la palabra del origen, las antologías poéticas sugieren un modo de mirar y de leer segmentos del universo literario. Un subterfugio de la curiosidad que se asoma con ojos propios para recrear los itinerarios de la imaginación. Perspectivas globales, nacionales, micro regionales, semejan acotaciones que emergen desde un indefinible afán por organizar el caos para hacerlo habitable con el cerco de un patio familiar. Las hay de épocas, de temas específicos, de movimientos estéticos, de grupos generacionales. Cualquier deslinde es válido si se trata de reconocerse en "lo mejor", o en lo más evidente, o en lo más cercano, porque en esencia, en cada antologador hay un poeta.
En México abundan estos ejercicios con profusión de escándalo y al extremo de que no existe grupo generacional que no haya concebido su antología particular. En la década de los años ochenta yo organicé la mía envuelto en el sopor cervecero de la hora feliz con la impronta de la generación Madokiana, y a punto estuve de editarla si no se hubiese atravesado la cuenta y el juicio etílico de mis amigos. Adviértase que cada entidad de nuestro mapa posee sus florilegios provincianos y en algunos casos el fervor se desborda hacia los parnasos municipales. Porque en su estricto sentido cada lector selecciona sus épocas, sus obras y autores, sus textos predilectos, y con ese tono se erige antologador virtual, cuyos méritos se asocian innegablemente con los espasmos de la creación. No es empresa menor la tarea de ir tramando una idea del conjunto y de ficha en ficha armar un nuevo artefacto.
Con el índice de la diversidad las propuestas de antologías enfrentan inicialmente el problema de la delimitación cronológica quedote de significado a todo el conjunto, toda vez que un supuesto implícito en el trayecto de la recopilación se identifica con una red de valores más o menos afines con el cuerpo literario objeto de la muestra. Esta cuestión abre el fuego desde el ingreso en la propuesta secular de Hermenegildo Olguín Reza con el primer volumen de Jalisco, Recuento de poetas: Ha pasado todo un siglo desde Enrique González Martínez -nos advierte- y el recuento parece pertinente. De suyo ambiciosa, esta concepción rebasa, al menos desde el sesgo de su temporalidad, otras empresas similares para la circunstancia de la poesía en Jalisco. El responsable de esta selección que pretende abarcar cien años de poesía en Jalisco. El responsable de esta selección que pretende abarcar cien años de poesía en Jalisco elige 40 poetas del terruño para el primer volumen y consigna los antecedentes más notables afines con esta empresa: un viaje cantado en voz alta. Inicia con el autor del poema "Tuércele el cuello al cisne" y termina con Jorge Esquinca. Desde la expresión jalisciense del modernismo mexicano, hasta los poetas que abren, con su nacimiento, la segunda mitad del siglo XX.
Hermenegildo Olguín no se involucra en los vericuetos de las poéticas individuales o de grupo, ni se interna en los pasajes de los movimientos, subgéneros, corrientes y temas. Y menos aún en esos nudos de la figura del lector que tanto aprecia la Teoría de la Recepción. El insumo puede considerarse de primera mano para que cada recipiente construya desde su propia historia. La vastedad no permite singularizar la trayectoria de la práctica de la poesía en estos lugares, y en el menor de los casos logra configurar un territorio para los estudiosos del fenómeno. Este criterio ofrece la ventaja del punto de vista, en la medida en que este Recuento es ya un referente necesario para armar juicios de valoración de las letras en Jalisco, por lo que toca al siglo de Francisco González de Leon y Ricardo Yánez, pero insuficiente para interpretar sus alcances; en primer lugar, porque esta parcela del occidente literario pertenece a un conjunto mayor: la república, y para decirlo con Octavio Paz, los criterios de pertenencia e identidad cultural, en este caso de la poesía proceden de "la tradición de la lengua", menos que a los territorios políticos, determinados por la "maga Historia"; además, desconocemos la otra mitad de la propuesta, y seguidamente porque algunos poetas que pertenecen a la primera mitad no aparecen en la selección. Un segundo volumen -adelanta nuestro antologador- dibujará el período más difuso del siglo XIX, y los jóvenes que han nacido después de 1958. El plan de la obra subraya la intención del responsable. La perspectiva secular se identifica de largo aliento. He aquí otro problema con dos expresiones de temporalidad: la consideración de los poetas cuya fecha de nacimiento se remonta al XIX pero que publicaron entrando el siglo siguiente, y la de los jóvenes creadores que ya han transitado su iniciación como hijos del XX, pero que publicarán en el presente. ¿Poetas o poemas? He aquí la cuestión.
La decisión de incluir y excluir a determinados poetas pasa necesariamente por el juicio crítico del antologador, por cuanto se trata de un lector atento al signo de lo relevante, respecto de lo intrascendente, y en este sentido cada diferencia nos conduce a otro espectro de la selección; aunque debe reconocerse un margen de probabilidad asociado con el error. Desde esta reflexión extraño la ausencia, en este Recuento, de algunos amigos. Pienso particularmente en Arturo Suárez y en Antonio López Mijares, cuya obra poética, a mi juicio, merece un sitio de antología. Por otra parte también celebro con el antologador la inclusión de un poeta marginal: Enrique Macías.
Este muestrario, en suma, aporta la perspectiva más amplia de la galería de poetas, cuyas obras se inscriben en un segmento de cien años de la historia de las letras en Jalisco. Importante y necesaria, pero no la mejor, sino la primera que ofrece un panorama de la agenda poética mayor.