LOS TALLERES LITERARIOS EN EDUCACIÓN BÁSICA

 Querétaro, 2004


No abundan los talleres de literatura en las escuelas primarias y secundarias, y menos aún en los jardines de niños. Las actividades literarias en las escuelas de educación básica se han venido reduciendo a las lecturas esporádicas de cuentos y a la trascripción de textos. Los objetos literarios permanecen ocultos entre las páginas de los libros en espera de la imaginación. Los espacios y tiempos particularmente pensados para despertar a “los demonios” de la creación surgen y se reproducen en contextos extraescolares: bibliotecas públicas, casas de cultura, centros de escritores. Pero en los reductos de la educación básica, al parecer los maestros y las educadoras no han descubierto aún las bondades de los talleres literarios, concebidos como una estrategia didáctica orientada hacia el abordaje de los géneros tradicionales de la literatura infantil.

En el presente escrito se parte de un concepto de literatura infantil que comprende el universo de obras “que reúnen cualidades estéticas en su lenguaje y son capaces de la creación imaginaria de una realidad, con la que puede identificarse el sujeto receptor, bien hayan sido creadas intencionalmente para el niño o el joven, bien ofrezcan posibilidades para un cierto grado de penetración intelectual”i. También se expone y desarrolla una secuencia metodológica para crear talleres de literatura para niños en la escuela.

Un taller infantil de literatura puede adoptar la modalidad que más se ajuste a los intereses de sus participantes. En los jardines de niños, por ejemplo, los talleres pueden proponerse como espacios de iniciación a la lectura y la escritura, y a partir de los recursos de la tradición oral y de la narración. El énfasis en la relación del niño con el objeto verbal literario (cuento, poema, etc.) puede ubicarse en la función lúdica del lenguaje. Jugar con las palabras desde la imaginación. La educadora puede apoyarse en cualquier recurso de animación y personificación para “fijar” la atención de sus talleristas: títeres, máscaras, etc. y animarlos hacia la participación. En todo caso la iniciativa de la educadora debe orientarse hacia el alcance de dos objetivos básicos: “facilitar el acceso a la obra literaria y proporcionar, al mismo tiempo, los recursos para la formación de unos criterios personales, nunca impuestos, en el destinatario, que le faciliten la elaboración de una actitud crítica ante la creación literaria”ii. La inserción gradual en el “globo mágico” del mundo de las letras le abrirá a los pequeños innumerables oportunidades para imaginar.

En la escuela primaria y en la escuela secundaria las posibilidades de éxito se multiplican en relación directa con el entusiasmo de los maestros. En estos ámbitos los talleres pueden adoptar modalidades de lectura, creación o análisis de textos, de suerte que se amplíen las opciones de realización y de desarrollo. Un taller de lectura debe gravitar sobre el interés de los participantes en acercarse a los objetos literarios desde la informalidad. Los maestros no deben preocuparse por enseñar, sino en mantener una atmósfera de atracción hacia las situaciones y los personajes de los textos revividos. El vaso comunicante entre la experiencia lectora y la necesidad de expresión conduce a un taller de creación literaria, en cuyo caso se extienden los objetivos hacia los aspectos técnicos y de preceptiva literaria. En todo caso los maestros coordinadores de un taller deben precisar, junto con sus talleristas, la extensión de las actividades, manteniendo una actitud flexible para introducir los cambios necesarios en la dinámica de cada taller.

Una relación arbitrariaiii de los diferentes tipos de talleres que pueden abrirse en las escuelas de educación básica, sería la siguiente:

a) Taller de Iniciación a la lectura

b) Taller de Expresión Literaria

c) Taller de Creación Literaria

d) Taller de Lectura y Análisis Literario

e) Taller de Poesía

f) Taller de Narrativa

g) Taller de Literatura Dramática

h) Taller de Publicaciones Literarias

La maestra Lila Weinschelbaum, experta en la creación y coordinación de talleres infantiles de creación literaria, subraya el sentido que justifica el trabajo didáctico a través de los talleres:

El aliento a la escritura y a la lectura como actividades que se complementan, propicia el desarrollo espontáneo y desinhibido de la expresión, facilitando el uso del lenguaje como ejercicio habitual en la comunicacióniv.

Es ampliamente conocida por los maestros la situación que guarda el uso de nuestra lengua en labios de nuestros usuarios escolares. El déficit lingüístico manifiesto en el inventario verbal tan reducido y en la pobreza de la expresión oral caracterizan a nuestros niños y adolescentes, cuyos problemas de comunicación se reiteran en sus escrituras. Los talleres literarios representarían una oportunidad inmejorable para ampliar, corregir, mejorar y perfeccionar gradualmente sus necesidades de expresión y de comunicación.

UNA PROPUESTA METODOLÓGICA PARA CREAR UN TALLER LITERARIO PARA NIÑOS

Afirmo, para empezar, que ninguna receta puede sustituir la experiencia y la creatividad de quien se proponga fundar un taller. La iniciativa, el conocimiento del medio y la imaginación creadora resultan ser, en primera y última instancia, las mejores herramientas de trabajo para el maestro emprendedor. La secuencia metodológica que propongo es, entonces, un modelo para desarmar; de suerte que los maestros pueden ampliar, reducir, cambiar y en suma, enriquecer la propuesta con su intervención inteligente.

Primer paso: La conceptuación

El punto de partida impone la necesidad de que el maestro tenga bien claro la naturaleza de un taller literario: qué es, cuál será su finalidad, qué tipo y modalidad adoptará, cómo se inserta en el programa oficial de trabajo y de manera particular en el Bloque de Juegos y Actividades, en el aspecto de Español o en Área de Lenguaje. En esta primera etapa el maestro debe revisar y ampliar sus conocimientos acerca del desarrollo del lenguaje oral y escrito, de la función poética de la lengua, de las características de los niños con los cuales va a trabajar, del tipo de objetos literarios pertinentes para cada caso. Debe responder a las interrogantes básicas de un proyecto de trabajo que expliquen y justifiquen la inversión de recursos y tiempos. Debe evaluarse, en suma, la pertinencia y posibilidad de diseñar un proyecto de trabajo en las condiciones escolares propias del medio en el cual se desenvuelve el maestro promotor.

Segundo paso: El plan de trabajo

La elaboración del mapa que nos permitirá seguir un itinerario previsto posee importancia determinante. Si el maestro que aspira a la creación de un taller literario es capaz de formalizar la orientación y el alcance de su proyecto, podemos afirmar que existe un amplio margen de garantía de éxito en su empresa. Con ese sentido deben preverse algunas cuestiones importantes:

a) La identidad. El maestro puede prever el inicio de las actividades del taller involucrando a los niños en la búsqueda de un nombre que lo identifique: una palabra, una frase, un escritor de trascendencia universal, un maestro con amplia trayectoria y reconocimiento.

b) El tipo de taller. Debe especificarse desde el origen, a reserva que el desarrollo pueda imponer los cambios necesarios: taller de lectura, taller de lectura y creación literaria, taller de cuento, etc.

c) El nivel de los talleristas. Niños de preescolar, niños de primaria de 5o. grado, niños de secundaria del 2o. “A” Matutino, etc. El plan debe identificar al tipo de usuario al que va dirigido el proyecto, para estimar desde ahí el grado de exigencia del trabajo.

d) Los miembros del taller. Un taller literario no funciona con 30 o 40 integrantes. Los grupos de cada taller deben ser pequeños: no más de 15 niños. El maestro coordinador debe prever espacios y tiempos para resolver esta cuestión. En el mejor de los casos resulta conveniente formar varios grupos que participen en sesiones distintas del mismo taller.

e) Los espacios y tiempos de realización. Una sesión quincenal de dos horas en la biblioteca de la comunidad, por ejemplo. El ámbito de realización debe romper con la monotonía cotidiana, de suerte que “el día de taller” despierte expectación en los talleristas. Las opciones de realización del taller pueden incluir todos los espacios posibles y disponibles: un rincón de la escuela, la casa de la cultura, la biblioteca municipal, un domicilio particular de un tallerista, etc. El ideal ha sido marcado por la costumbre: una sesión semanal de 2 horas, pero los maestros pueden establecer una periodicidad que se ajuste a sus actividades.

f) El acervo literario. La selección de las obras literarias básicas para el desarrollo de las sesiones de taller debe ocupar una atención particular. Los Libros del Rincón de la SEP, por ejemplo, son una garantía; del mismo modo la colección A la orilla del viento. Lo recomendable es un acervo de base que podrá enriquecerse sobre la marcha del taller.

g) La utilería de apoyo. Dependiendo del tipo de taller y de sus miembros es recomendable tener a la mano un cajón de tiliches para apoyar personificaciones y atmósferas de la lectura: franelógrafo, máscaras, capas, sombreros, títeres, etcétera., pero cuidando no trasladar los pasajes del texto hacia la actuación. Los eventos de la representación dramática nos conducen hacia el teatro y un taller de esta naturaleza reclama aspectos no considerados en los talleres literarios. En el caso de un taller de expresión literaria para niños preescolares, ese cajón resulta indispensable.

h) El ciclo de duración. El interés de los talleristas será invariablemente el indicador más importante para establecer el punto de culminación de un proyecto de taller; sin embargo es conveniente fijar con antelación la extensión del ciclo: el año escolar, 20 sesiones, de carácter permanente, etc.

Tercer paso: La realización

Las posibilidades de intervención pedagógica en la realización de un taller literario son infinitas. El papel del maestro será determinante para conferirle al proyecto una dinámica de informalidad acentuada por el respeto hacia todas las actitudes de los niños y por el irrestricto respeto hacia su libertad de expresión. Un esquema general de desarrollo de una sesión de taller podría seguir la secuencia siguiente:

a) Elección de la actividad inicial a desarrollar. El coordinador del taller, el maestro, puede proponer la actividad de entrada, pero es pertinente someter esta cuestión a consideración del grupo. La lectura de una semblanza histórica, la narración de un cuento, juegos rítmicos con coplas populares, etc.

b) Los comentarios. La actividad inicial se fragmenta en pasajes, personajes, situaciones que merezcan la participación de los talleristas. El maestro procurará inducir con flexibilidad hacia circunstancias de la vida real, próximas a las vivencias de los niños y buscando vincular el objeto literario con la imaginación, y la imaginación con la vida real. No debe presionarse a los niños para que participen. La atmósfera del taller debe ser cálida, amable, informal.

c) La extrapolación. A partir de los comentarios los niños pueden decidir la ejecución de una actividad similar: repetir la actividad inicial con otro lector o narrador, inventar otra historia siguiendo el modelo escuchado, elaborar un texto inspirándose en el modelo, etc. La cuestión aquí consiste en tomar el modelo como pretexto para deslizarse hacia alguna actividad que descanse en la expresión y en la comunicación. Los errores de construcción en el uso del lenguaje son, en esta situación, secundarios, salvo que los niños decidan lo contrario.

d) La exposición. El coordinador explora la posibilidad de que algún tallerista desee dar a conocer su creación, su experiencia, su texto. La animación es fundamental para alcanzar este momento, invariablemente sustentado en el respeto hacia las producciones de los niños y en el estímulo del colectivo. El juego y la diversión deben primar sobre cualquiera otra circunstancia.

e) Evaluación y planeación. Es conveniente recapitular acerca de las actividades realizadas, destacando los aspectos favorables y los que es necesario mejorar. En este momento puede decidirse el tipo de actividad que se quiere realizar en la siguiente sesión del taller, con el propósito de prever sus requerimientos.

Como se advierte en esta secuencia, el grupo de talleristas tiene una diversidad de opciones para imprimirle a sus experiencias el placer de estar ahí, pacientemente al acecho de una oportunidad para apropiarse de su propio lenguaje.

Cuarto paso: La evaluación

En la secuencia metodológica propuesta la evaluación surge lógicamente en cuarto lugar, pero es claro que desde el principio de la “evaluación permanente” el maestro debe revisar la pertinencia de los recursos y las acciones de cada paso, a medida de que van ocupando su lugar en el proceso de construcción del taller. Esta consideración cuestiona la viabilidad del taller si no se reúnen las condiciones previas indicadas en la conceptuación, o bien si no se han resuelto las cuestiones instrumentales y operativas indispensables en la etapa de la planeación. Este paso incluye, por supuesto, la necesidad de introducir los elementos y los cambios en la estructura y funcionamiento del taller, con la perspectiva de convertirlo en un espacio vivo, atractivo y de alto impacto en los afanes de desarrollo de nuestros niños y adolescentes. La solicitud de los niños, su demanda por la existencia y permanencia de “su” taller son indicadores infalibles de la evaluación que el maestro debe considerar con la prioridad del caso.

Entre las conclusiones de la presente propuesta de trabajo cabe subrayar que el protagonista central de cualquier historia, objeto verbal, o situación presente y despierta en un taller literario es el niño. “Cuando el niño se identifica con alguna parte de la historia, debe tener tiempo para que hable de su experiencia en relación a la historia”v. La totalidad de las preocupaciones y de las acciones del maestro, sobre el contexto de un taller literario, deben girar alrededor de la imaginación infantil. El niño y sus necesidades de ser desde el lenguaje harán lo propio oportunamente.

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Apoyos bibliográficos

ALEXANDRE de Oliveira, María. Dinámicas de literatura infantil. Tr. Ma. Antonieta Villegas. Santafé de Bogotá, De. San Pablo, 1994.

CERDA G. Rebeca y Adriana Fonseca. La Literatura Infantil en la Etapa Preescolar. Ponencia presentada en el XIV Foro Nacional de Educación Preescolar. Asociación Mexicana para el fomento del libro infantil y juvenil, A. C. Morelia, mayo de 1994.

Cuadernos de Pedagogía, Monográfico. “Leer y escribir”. No. 216. Barcelona, Julio-Agosto, 1993.

DOBBELAERE, G. Pedagogía de la expresión. Tr. Alfonso Romeu. Barcelona, Editorial, Nova Terra, 1970.

ENRÍQUEZ Fuentes, Elena. “El taller infantil de literatura” en Tierra Adentro No. 85. México, abril-mayo de 1997: p. 78.

GARRIDO Felipe. Cómo leer (mejor) en Voz Alta. Una guía para contagiar la afición a leer. México, Fundación Mexicana para el Fomento de la Lectura, A. C. 1996.

JEAN, Georges. Los senderos de la imaginación. Los cuentos, los poemas, la realidad. Tr. Juan José Utrilla. México, No. 514 de Breviarios del FCE, 1990.

SEP. Rincones de lectura. Curso taller para maestros en el uso del acervo dentro del aula. USEBEQ, 1996.

SEP. El aprendizaje de la lengua en la escuela. Antología. LE ‘94, Universidad Pedagógica Nacional, 1995.

WEINSCHELBAUM, Lila. Talleres infantiles de creación literaria. Santafé de Bogotá, Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe-AIQUE Editor, 1994.

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i Jaime García Padrino. “La literatura infantil y la formación humanística”, en GARCÍA, Padrino Jaime y Arturo Medina (Dirs.) Didáctica de la lengua y la literatura. Madrid, Anaya, 1989: 535-560.

ii Ibid. p.. 539

iii Esta relación sólo pretende ilustrar las diferentes posibilidades que los maestros pueden seguir. Es claro que independientemente del nombre del taller los participantes pueden crear la modalidad más adecuada a sus intereses.

iv en Talleres Infantiles de Creación Literaria. Coedición Latinoamericana de Libros para la Promoción de la Lectura. Santafé de Bogotá, 1994: p. 13

v María Alexandre de Oliveira. Dinámicas de literatura infantil. Santafé de Bogotá, Ed. SanPablo, 1994: p. 45.

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