LITERATURA Y MEMORIA CULTURAL EN QUERÉTARO
La Literatura es amplia franja de la memoria cultural y referente vivo de nuestra identidad. Escribo literatura con la perspectiva de un gran recipiente en movimiento conforme se va llenando con toda suerte de artificios verbales y objetivaciones de la imaginación humana proyectada en la lengua, sin excluir los textos de corte periodístico que caben en esta caracterización. Hablo de memoria cultural empleando la acepción de Maurice Halbwachs en su concepto de memoria colectiva para designar al universo cultural identificado en un inventario común, y enriquecido recientemente por Agnes Heller junto con otros estudiosos de la cuestión. Desde nuestra circunstancia oriento mis reflexiones con la luz conceptual del México profundo que Guillermo Bonfil Batalla expuso como cimiento para ofrecer una explicación de nuestra diversidad cultural y el íntimo reflejo de la esencia identitaria en el presente.
Para aspirar a la identidad cultural con sentido de pertenencia en particular es imprescindible el ejercicio de la memoria, y en esta dirección se propone la existencia de un inventario amplio y diverso de objetivaciones del fenómeno literario en Querétaro que dan cuenta de una tradición. Somos queretanos en proporción directa al grado de conciencia que poseamos respecto de nuestra identidad cultural, y un segmento vital de esa pertenencia se despliega en los valores de nuestra historia literaria. Se hace literatura desde la conciencia artística con el afán, nunca alcanzado, de aprehender la realidad, puesto el índice en ese campo de realización en el que convergen los valores de la comunidad, los procesos de significación compartidos y los usos específicos de las lenguas en contacto.
En el presente escrito me propongo un acercamiento a los problemas más relevantes del fenómeno literario, tal y como lo percibo como protagonista desde hace 25 años de vecindad en Querétaro: un evidente atraso en la sistematización y valoración del cuerpo literario del itinerario histórico, la subestimación de las culturas literarias indígena, rural, urbana y popular, la escasa y débil socialización de procesos, obras, eventos y escritores. Me anima la intención de subrayar la trascendencia social de esa tradición asociada con el problema de la identidad cultural y a la luz de los esfuerzos de la sociedad para mantener su vigencia. Se deja ver asimismo que las contingencias políticas de la más reciente década, esto es, la alternancia política de los procesos electorales no han impreso significativamente su preocupación por reducir el déficit en la materia, y que básicamente ha sido la sociedad civil a través de la elaboración de proyectos específicos quien reitera su sensibilidad hacia el rescate y valoración de los bienes y valores culturales.
Desde su expresión primigenia a través de la tradición oral indígena y mestiza el espectro de la cultura literaria en Querétaro comprende un amplio registro de representaciones que incluye la poesía lírica, crónicas, leyendas, narraciones, ensayos, mitos y símbolos vigentes en el imaginario social, actualizados permanentemente en eventos de la vida cotidiana, ceremonias, festividades y rituales imbricados con la música, el teatro, la danza. Luego se amplía con la incorporación y adaptación gradual de formas y temas de procedencia hispanoárabes orales y escritas entretejidas en las costumbres del uso lingüístico regional de las lenguas indígenas y de la herencia castellana. Es la concurrencia de lo otro con lo nuestro; de lo indígena con lo hispano; de una cosmovisión ancestral frente a otra.
A partir del mito fundacional de la ciudad de Santiago de Querétaro las formas de la cultura colonial imponen gradualmente un concepto de lo literario respecto de la tradición prehispánica y popular: la escritura frente a la oralidad. En ambas tradiciones se desarrolla un ciclo de cinco siglos cuyas expresiones mantienen una vigencia que se extiende hacia nuestro presente. De la poesía neolatina enclaustrada en los acervos conventuales, hasta la lírica popular y la tradición oral; de la vasta bibliografía y hemerografía que se despliega con la introducción de la imprenta en los inicios del siglo XIX, hasta la producción editorial moderna del presente.
En la perspectiva del bloque histórico de la modernidad que supone el hito de la conquista, la violencia colonial y la independencia no es posible aislar el concepto de historia de la literatura en Querétaro sin referir el universo cultural del que forma parte, esto es, la tradición de la cultura literaria de las lenguas indígenas y castellana simultáneamente. Se trata de un profundo proceso de fusión intercultural que se reitera cotidianamente en los modismos, tonos, términos y modos singulares del uso regional del castellano, asociado con los supérstites de las lenguas indígenas. O dicho de otro modo, un segmento del capítulo mexicano de la gran saga americana.
Para comprender la producción literaria del presente es ineludible leer la dinámica de lo singular de la tradición prehispánica y castellana en México, y consecuentemente el modo que adopta en la región central de la república. Muchas preguntas se abren aquí guiadas por el espíritu inquisidor y el deseo de conocer, pero permanecen abiertas ante la carencia de políticas públicas que adviertan el sentido profundo de las implicaciones sociales de la cultura. Instancias oficiales e instituciones públicas y privadas realizan heroicamente esfuerzos generalmente aislados y con pocos recursos la inmensa tarea de explorar para reconocernos, sin mayor impacto de sus acciones que la presentación pública de sus hallazgos.
Carecemos de una política cultural proporcional con su relevancia social. Las rupturas políticas sexenales continúan determinando los rumbos de las prioridades y los grandes ejes de nuestra identidad: la cultura y la educación ocupan atención de segunda, respecto de la seguridad y la economía, por ejemplo. El patético ejemplo de ubicar al orden social como una política de primer orden subraya el sentido de la mirada del poder en turno. En el caso de la literatura se manifiesta el sesgo de un síndrome que crece con la carencia de una institución que se ocupe prioritariamente de las objetivaciones literarias de la entidad y alienten la participación consciente de la ciudadanía en el conocimiento, valoración y difusión de su cultura literaria. El Colegio de Querétaro no aparece ni como anteproyecto entre las preocupaciones políticas de ayer y de hoy, por más que las exigencias de la vecindad regional hayan mostrado sus bondades en San Luis Potosí, Michoacán, Jalisco, cuyos colegios asumen con sensibilidad las tareas de sus circunstancias micro-históricas y culturales respectivas. La trascendente labor de Don Valentín Frías, de Carlos Septién García, de Don Guadalupe Ramírez, entre otros intelectuales de la entidad no ha tenido la valoración y la continuidad que merecen.
En el escenario del presente proliferan los talleres, cursos y seminarios que asumen al fenómeno literario como plataformas de formación generalmente improvisadas cuyos alcances no rebasan el tiempo invertido en su realización, y en consecuencia carecen de trascendencia social. Los programas de apoyo a los creadores apoyan, pero no evalúan; alientan, pero no sistematizan los productos; convocan, pero no le rinden cuentas a la sociedad.
Un atisbo inmediato al presente que corre permite la afirmación: la literatura moderna en Querétaro ha alcanzado la mejor expresión de su crecimiento en los recientes últimos 40 años. Hay una frontera visible en la producción literaria que culmina con Pablo Cabrera y Manuel Montes Collantes y se inaugura otra con la generación de los nacidos en la década de los treinta con Salvador Alcocer, Hugo Gutiérrez Vega, Paula de Allende, Humberto Carreón y Francisco Cervantes, cuyas obras publicadas en los primeros años de la década de los setenta se inscriben en una concepción más libre y moderna de la práctica escritora. El tiempo histórico de esta generación aún mantiene su vigencia, justo en la medida en que no existe una valoración global del sentido artístico de sus aportaciones y los dos primero de los indiciados siguen escribiendo. A esta generación le suceden las que actualizan las influencias y concurrencias de lo literario nacional y universal, particularmente por medio de escritores e intelectuales que poseen diversos grados de formación educativa y universitaria.
En nuestro presente 2007 se han aglutinado seis generaciones de obras y escritores del más reciente ciclo de producción que configuran un acervo significativo del fenómeno literario en la entidad. Mi directorio rebasa los ochenta nombres de poetas, dramaturgos, narradores, cronistas, ensayistas sin que institución alguna, oficial o privada se haya preocupado por identificar los elementos que reúnan el rigor artístico suficiente para incorporarlos al inventario de la memoria cultural y dotarlos de la difusión correspondiente, y asimismo valorarlos por medio de su incorporación como contenidos curriculares en los programas de educación básica y media superior. Esta consideración no pasa aún por los ingenieros de las políticas oficiales en materia de educación y cultura. Por más recomendaciones que hayan girado las instancias superiores en el sentido de incluir objetos, símbolos, bienes y valores culturales regionales y locales en los programas de estudio, nuestras autoridades educativas han ignorado la relevancia social de la memoria cultural en materia literaria. La consecuencia es el rotundo desconocimiento de los valores literarios de Querétaro por parte de la gran mayoría de la población.
El sustrato último de las presentes reflexiones se puede enunciar con la concreción palmaria de su formulación: la literatura en Querétaro crece ostensiblemente con la iniciativa de sectores y grupos sociales, en contraparte con el categórico desconocimiento que la sociedad tiene de ella. La carencia de una institución particular, un Colegio de Querétaro, por ejemplo, que cubra el considerable atraso en materia de rescate, catalogación, estudio, valoración y difusión del acervo literario forma parte de los pendientes políticos que los gobiernos priístas nos legaron sin rubor alguno, y que las autoridades panistas en turno no han logrado identificar con la prioridad correspondiente.
Agosto de 2007