LA IDENTIDAD CULTURAL COMO SOPORTE DE LA IDENTIDAD PROFESIONAL
EJE TEMÁTICO 3. Identidad del interventor educativo y su inserción en el ámbito laboral
RESUMEN
En vísperas de la culminación del sexto semestre de la primera generación de la Licenciatura en Intervención Educativa de la UPN es pertinente revisar el modo que adopta la construcción de la identidad del interventor educativo, a la luz de las experiencias más relevantes del desarrollo curricular y de los conceptos de interacción social. La presencia de los sujetos estudiantes en el proceso de socialización institucional, a través de las acciones cotidianas está precedida por la identidad cultural de pertenencia social que han venido elaborando con sus trayectorias individuales. La Universidad debe fomentar el mejoramiento de esta dimensión del sujeto LIE, el ser, el hacer, el deber ser, y proyectarlo sobre el contexto de la operación curricular, dentro y fuera de la institución, con la finalidad de ir aproximando a los estudiantes a los escenarios reales de intervención. Desde esta premisa corresponde a la Universidad generar las condiciones para valorar la identidad cultural y potenciar la conciencia teórica educativa, considerando el perfil de egreso previsto en el currículum. A los propios interventores atañe la construcción y apropiación de su identidad profesional.
I. Introducción
El presente escrito propone un acercamiento al modo que adopta la socialización de los sujetos en formación, en su carácter de alumnos de la Licenciatura en Intervención Educativa (LIE) de la Universidad Pedagógica Nacional y paralelamente en la dinámica de construcción de su identidad como agentes de intervención educativa. La cuestión central consiste en revisar la pertinencia de hablar de identidad profesional desde sus dimensiones de expresión individual y cultural para referirnos a personas que transitan aún el desarrollo curricular, a la luz de su interacción en el interior de la vida institucional, y a través de esta, en los contactos con ámbitos laborales específicos1.
El marco de referencia para esta aproximación se afirma como telón de fondo en la trayectoria de 26 años de vida institucional singularmente comprometidos con la formación de profesionales de la educación, para intentar desde ahí las reflexiones que le den sentido a nuestro propósito de aproximación al problema de la construcción de la identidad profesional de quienes actúan orientados por un modelo curricular innovador.
En otro sesgo del problema se reconoce la presencia de una dimensión común entre los estudiantes y Universidad, y se define con el concepto de interacción dialéctica entre individuo y sociedad, tal como es subrayado por Berger y Luckmann: “estar en la sociedad es participar en su dialéctica”2. Los estudiantes de la LIE poseen una identidad cultural más o menos homogénea considerando su pertenencia a comunidades que coparticipan de valores, símbolos y representaciones profundamente afines: el sello de la actitud generacional, la feminización ascendente en educación superior, la diversidad de sus metalenguajes, sus prácticas religiosas, sus preferencias artísticas, sus imaginarios, etc. Desde aquí no aparece como relevante el hecho de que nuestra población estudiantil desconozca el modelo curricular en que se inscribe, ni la existencia de un sustrato vocacional frustrado3 que los conduce a optar por esta modalidad de formación. Más trascendente es la circunstancia de su socialización inicial como profesionales de la educación en la dinámica de una etapa de la historia del país y de la Universidad en particular, toda vez que el Plan de la LIE “se diseñó atendiendo a las condiciones sociales, políticas y económicas del país y las propias de la Universidad Pedagógica Nacional, teniendo como referente principal los valores, la historia y la cultura nacional y latinoamericana, con la certeza de que es la solidez de nuestra identidad y de nuestra cultura la que nos permitirá como país insertarnos propositivamente en los procesos y en las dinámicas del nuevo orden internacional de las naciones”4.
Se aborda, primero, el escenario institucional como instancia de aglutinación e interacción de los actores docentes y estudiantes y se asocian, luego, las circunstancias de su interacción intencional5 a partir del concepto de identidad cultural, cuyos rasgos esenciales se hallan presentes desde su pertenencia e inscripción en la licenciatura. Seguidamente se sostiene con la perspectiva de Giddens, que “las identidades se construyen a través de un proceso de individualización por los propios actores para los que son fuentes de sentido”6, y en consecuencia se concluye con algunas propuestas de medidas generales que la Universidad puede impulsar para orientar el proceso de construcción de la identidad profesional del interventor educativo.
II. La Universidad, currículum e identidad
Lugar común el problema curricular manifiesto en la distancia, siempre variable, que media entre el documento formal y su operación; entre las intenciones educativas previstas en el mapa y la aventura de su travesía institucional; entre la visión global del modelo y su expresión real. La racionalidad del discurso suele tropezar con el caos de la realidad objetiva, empecinada siempre en manifestarse desde la diversidad de lo singular. El currículum vivido no se mueve en la misma dirección que la propuesta en los objetivos del plan. También es frecuente la pérdida de sentido de las acciones educativas cuando las lecturas de los actores se alejan del enfoque curricular. Pensemos en los profesores de la LIE cuyas condiciones laborales, nada ocultas, son incompatibles con el trabajo colegiado y las necesidades de operación, evaluación y seguimiento de la licenciatura.
Otra consideración cabe en la actitud de recepción del modelo curricular de la LIE por parte de un segmento del personal académico sorprendido por el enfoque de la formación por competencias profesionales. Los cuestionamientos al currículum propuesto no han logrado distanciarse del prejuicio histórico supuesto en el contenido del término competencias, cuya carga ideológica ha impregnado a buena parte del discurso crítico formulado desde el interior de la propia Universidad. La afirmación de que “las competencias profesionales son esencialmente, una relación entre los saberes, actitudes y aptitudes de una persona y el desempeño satisfactorio de las actividades correspondientes a un ámbito profesional” no termina de convencer de sus bondades a quienes suponen la presencia de un sesgo de la eficiencia laborista íntimamente asociada con el capitalismo salvaje. Sin embargo, ninguna evidencia puede hallarse a priori para vincular el enfoque de las competencias con la negación de la iniciativa y creatividad de los sujetos, y menos aún de su identidad cultural de base, toda vez que la primera generación de interventores se halla todavía en el proceso de operación curricular. De algún modo esta cuestión precisa la trama hermenéutica del ser estudiantil, cuya búsqueda esencial radica en el sentido de su interacción como sujetos del plan de estudios y de un deber ser previsto en el perfil de egreso como una aspiración. En esa trama sobresalen su identidad cultural7, su visión del modelo curricular, su compromiso ante los segmentos sociales potencialmente beneficiarios, sus expectativas de acción del futuro inmediato, su conciencia social.
El estudiante de la LIE no logra aún identificar los escenarios reales para su inserción como profesional de la educación, diferenciado del docente de educación básica. Ciertamente reconoce la existencia de zonas y ámbitos potencialmente propicios para el interventor educativo; comprende asimismo la importancia de las funciones educativas vinculadas con el ejercicio de un profesional de la educación; sin embargo, la vaga existencia de sus referentes externos y empíricos le dificulta el proceso de la construcción personal de ese constructo extraño designado como identidad profesional. En su oportunidad, esto es, la de su tránsito histórico entre instituciones y funciones los interventores educativos bosquejarán en su discurso el trazo hermenéutico de sí mismos, con la impronta de sus identidades culturales enriquecidas y potenciadas por la Universidad y definidas por la historia de su quehacer profesional.
En cierta medida la Universidad no ha logrado transmitir los índices básicos para que las estudiantes elaboren esa perspectiva (la de su identidad como trabajadores de la educación), en virtud del impacto inicial de la innovación. Y ciertamente no puede ser de otra manera si se destaca el hecho de que el Asesor de la LIE enfrenta el conflicto de la inserción epistemológica del modelo, sin los referentes empíricos suficientes para armar “su propio modelo”. El saber y la experiencia con los modelos curriculares precedentes se integraron de modo natural en continentes de estrecha afinidad con la docencia, en cuanto objeto común. Puede seguirse la pista de esa visión desde la Licenciatura en Educación Básica, Plan ’79, que puso el énfasis en la práctica docente desde los primeros cursos del plan de estudios. De cara a la transparencia de un espejo común los estudiantes maestros y los docentes se reconocían con la familiaridad de un retrato reciente. Y en esa misma dirección con los modelos de formación ’85, ’90 y ’94 identificados como metalenguajes de un referente empírico y objetivo. En la LIE, por el contrario, se bosqueja sólo un rostro ideal que cada quien lee desde la intensidad de su imaginario. Creemos en su necesidad (su justificación es inobjetable), suponemos su impacto social (está provisto de una racionalidad orientada hacia segmentos y necesidades sociales), prevemos sus beneficios posibles (el perfil de egreso es evidencia del optimismo emergente); pero no sabemos. Lo más evidente, hasta ahora, es el imperativo de una infraestructura académica y administrativa que genere la producción de conocimientos. Concebida como una condición prioritaria para el funcionamiento de la Licenciatura la organización de los profesores a través del trabajo colegiado puede ser la diferencia entre operar a ciegas desde el voluntarismo responsable del Asesor, o “construir conocimientos mediante el diálogo de saberes y el trabajo transdisciplinario”8.
La contradicción podría superarse, en efecto, con la producción de conocimientos acerca del ser estudiantil, del hacer de los sujetos en formación y del deber ser de los profesionales de la intervención educativa, desde ambas perspectivas: la de la institución formadora y la de sus egresados9.
La primera dimensión, la del ser estudiantil, implica un reconocimiento y valoración de las identidades individuales y culturales de cada persona que forma parte, como sujeto de formación, del universo LIE. Los estudiantes, antes de su ingreso en UPN y en el itinerario desde su inscripción en la Licenciatura, son sujetos que reclaman atención, orientación, apoyo. Un espacio para ser, en virtud de que su respuesta a la convocatoria institucional para participar en una aventura curricular, los ubica en el centro de la misión institucional. Son sujetos de nuestra intervención pedagógica poseedores de un vasto acervo cultural que la Universidad debe conocer y estimular para que su representación consciente permita la construcción de redes, relaciones e interacciones sobre las cuales se identifiquen y valoren como personas sensibles, inteligentes y capaces; se reconozcan como sujetos en proceso de formación profesional, competentes, comprometidos, innovadores; y se conciban como pioneros de la intervención educativa con la firmeza clara de una convicción.
En la dimensión del hacer de los sujetos la Universidad trama una representación dirigida por sus propósitos institucionales, en lo general, y por el perfil de egreso del currículum, en particular. Cada actor tiene un papel en esta obra común; en esta puesta en escena cuyo sentido se gesta en el proceso de la representación, muy estrecha con el guión y próxima a la realidad. Las escenas se trazan en la cotidianidad de las tareas académicas en las aulas y los eventos; en las visitas de observación a instituciones y contextos conflictivos; en las prácticas profesionales afinando el pulso de los problemas educativos; en la prestación del servicio social. La apropiación de elementos teóricos y su expresión en las interacciones interinstitucionales son los episodios curriculares, a través de los cuales los actores estudiantes internalizan10 los referentes vividos y sobre ellos construyen su sentido. Las identidades individuales tienden a su homogenización en aspectos relevantes de su práctica social y configuran puntos de contacto que se fijan en la conciencia grupal. Es la génesis de la identidad profesional.
La identidad profesional del Licenciado en Intervención Educativa no es aún referencia objetiva en la conciencia de los estudiantes, pero se gesta ya cotidianamente en las interacciones de la vida académica institucional, sobre la base de su identidad cultural, “como esencia, como una condición inmanente del individuo”11, como avanzada de su representación social. Tras los indicios de su construcción, “la identidad –sostienen Berger y Luckmann- se halla sumamente perfilada en el sentido de que representa totalmente la realidad objetiva dentro de la cual está ubicada”12. El compromiso de la Universidad ante la sociedad mexicana se expresa, de modo particular, en el tipo de socialización profesional que genere en la conciencia de los sujetos en formación. Sobre este marco, la construcción de la identidad del interventor educativo es un desafío magnífico que pone a prueba la misión de la Universidad.
III. El contexto de la construcción (las propuestas)
En aras de la organización de una realidad objetiva favorable para el desarrollo de la LIE 2002 y extensivamente en la contribución para favorecer el proceso de construcción de la identidad profesional del interventor educativo en formación, nos parece pertinente proponer algunas acciones de apoyo.
A. Promover la organización autónoma de la Asociación Nacional de Estudiantes LIE, con la finalidad de generar acciones académicas, políticas y culturales que permitan un amplio despliegue de los intereses, experiencias, saberes, capacidades y habilidades de los interventores educativos en proceso de formación.
B. La apertura de una línea de investigación orientada hacia la producción de conocimientos acerca de los sujetos, procesos de formación, ámbitos de intervención e impactos socioeducativos del modelo curricular de la LIE.
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Notas
- Me refiero a las gestiones institucionales para propiciar observaciones, prácticas profesionales y servicio social en instituciones y programas afines con el perfil de egreso de los estudiantes.
- En La construcción social de la realidad. Buenos Aires, Amorrotu editores, 1986: p. 164.
- El adjetivo destaca la condición de aspirantes rechazados de otras instituciones o carreras, o de la misma LE ’94 de UPN, que se ven de pronto inmersos en una circunstancia extraña a sus expectativas originales.
- Programa de reordenamiento de la oferta educativa del sistema de Unidades. Licenciatura en Intervención Educativa 2001. Documento de trabajo, México, UPN, 18 de mayo de 2001: p. 17.
- Ver Mauricio Beuchot. “Sujeto e intencionalidad en la filosofía hermenéutica” en Pedagogía UPN, Tercera época, vol 10, núm. 3, verano 1995: p. 16-23.
- En Modernidad e identidad del yo. Barcelona, Ed. Península, 1995: p. 93-139.
- Con el sentido propuesto por el Dr. Guillermo Bonfil Batalla: “No es . . . la cultura nacional, un todo uniforme y compartido, sino un espacio construido para el florecimiento de la diversidad” en Pensar nuestra cultura, México, Alianza Editorial, 1991: p. 122.
- Programa de reordenamiento. . . Op. cit. p. 26.
- Adquiere sentido la Comisión de Evaluación y Seguimiento prevista para la Licenciatura, con la recomendación de incluir entre sus dimensiones y aspectos las tareas de la investigación.
- Entendida como “la aprehensión o interpretación inmediata de un acontecimiento objetivo en cuanto expresa significado, o sea, en cuanto es una manifestación de los procesos subjetivos de otro que, en consecuencia, se vuelven subjetivamente significativos para mí”, Berger y Luckmann, Op. cit. p. 164.165.
- Ver Fidel Molina Luque, “Educación, Multiculturalismo e Identidad”, OEI, Educación en valores, mayo de 2005: página virtual: www.campus-oei.org
- La construcción social de la realidad, Op. cit. p. 205.