HACIA EL RETORNO DE LAS UTOPÍAS

“Peter Mc Laren entrevistado” en la tarea No. 19, Guadalajara, noviembre de 2006: 20-22. Tr.


“Estamos tratando de imaginar un universo social fuera de la ley del valor del capitalismo”, afirma Peter Mc Laren en la entrevista que publica la revista de educación básica de mayor circulación en nuestro país y en el mundo virtual, en su más reciente entrega. En la edición 19 de la tarea puede seguirse la diversidad de reflexiones e intenciones alrededor del rumbo de la educación, junto a la claridad del intelectual canadiense, quien responde con renovada esperanza a la pregunta de Rubén Zatarain respecto de la necesidad de “resistir a un sistema capitalista que educa a través de la competencia y promueve valores que erosionan a las sociedades y a los individuos”.

Lo evidente en la perspectiva del promotor de la “pedagogía crítica” se asocia  con los esfuerzos de humanistas y luchadores sociales de todo el globo por señalar el rumbo, una razón de ser  para el presente en ruinas, toda vez que la catástrofe del modelo socialista europeo rompió con sueños y corazones de ilusos que creyeron en la estrella del hombre nuevo, y cuyos afanes perdieron la ruta de un discurso ahora derrotado. Aherrojados luego al vórtice de la confusión los viejos esquemas del socialismo marxista de cuando en cuando emergen del imaginario de los activistas de ayer como resabios de un trasatlántico hundido. Añoran su vigencia cuando despiertan en algunos balbuceos heroicos de un discurso en La Habana y en algunos exabruptos de un dirigente en Caracas, aunque a todas luces agotados son insuficientes para conmover la voluntad histórica de las clases revolucionarias. Con ese tono, desde la primera década del XXI, las Torres gemelas ardiendo, el terrorismo de estado en Afganistán e Irak, el muro en el Norte geopolítico de nuestro mapa, se requiere mucho saber y valor para declararse marxista. De ahí nuestra admiración y reconocimiento para la dignidad combatiente de Mc Laren.

En la entrevista realizada en la biblioteca de la Escuela Normal de Jalisco el 30 de octubre del 2004, el prolífico investigador reitera sus posiciones agudas desde las tripas del imperio, a la vez que conserva la impronta que le otorga el interés de quienes militan desde los bastiones de la educación con la añoranza de una historia mejor para el presente. El cinturón del oprobio, en esa mirada, se identifica en el neoliberalismo rapaz ubicado en las entrañas de la sociedad sedimentada por la economía de mercado, Y la educación pública, particularmente agónica en los ámbitos del subdesarrollo, no logra hallar en su magisterio el aliento de la utopía. Los educadores no han sabido mantener en alto la llama de Bachelard exacerbada por un sueño.

Es moneda corriente que los disfraces del capitalismo inhumano procuren un sesgo en el discurso hegemónico de la visión empresarial para renovar las estrategias de la explotación social. Los estándares de la calidad, por ejemplo, paradigmas en la cadena productiva de un complejo fabril reconvertido con la tecnología para exprimir la última gota del trabajo, se extrapolan hacia la escuela popular a partir de una ofensiva ideológica, política y militar que convence y somete a los más reticentes. No están ahí los maestros de educación básica cuestionando la naturaleza de la bestia capitalista, en cuyo vientre cohabitan los empresarios más ricos del mundo, al lado de las masas paupérrimas, sino entretenidos en masticar la verborrea de la calidad educativa y en justificar la inopia de su desmovilización. Hay una cuota pendiente con los maestros y trabajadores de Oaxaca.

Nos explicamos la preocupación del universitario de Toronto cuando sugiere el desplazamiento del intelectual orgánico de corte gramsciano hacia los profesores como “intelectuales críticos” cuya misión debiera leerse desde la íntima trabazón entre la teoría y la filosofía. Que los profesionales de la pedagogía se ocupen de las tareas políticas, a partir del cuestionamiento vivo de sus circunstancias y abran las alas de la imaginación para actuar con la coherencia de sus compromisos con la historia. El envés de esta afirmación dibuja el trazo de una jornada radical que desafía al mundo neoliberal de cabeza. Sin embargo los agentes de la contrarrevolución han demostrado su eficacia para evitar que los maestros vislumbren alternativas que trasciendan al capitalismo, justo cuando la derecha empresarial se envalentona desde la primacía que le confiere el ejercicio del poder ideológico, político y económico. “¿Cuál es la alternativa a seguir en la construcción de una humanidad más humana dentro del proceso educativo?” insiste el entrevistador, de algún modo traductor y recipiente de nuestras angustias. Y el intelectual militante subraya tres opciones en ascenso que reivindican a su modo un soplo de la resistencia: la teoría crítica de la raza, el multiculturalismo crítico y la teoría constructivista de procedencia vigotskiana.

Esa afirmación abre una puerta para un encuentro con la especulación que precede a la esperanza. Resulta que una de ellas, la teoría constructivista, mirada como utopía en la vertiente del desarrollo social, cada vez más familiar en el discurso educativo puede franquear algunos pasadizos de la práctica humana y contribuir en el alcance de las aspiraciones más altas. La implicación más próxima al horizonte intelectual nos induce al análisis de esa perspectiva sobre el formato de la discusión académica, y extensivamente del debate público. “Por ello es importante –concluye Mc Laren- que los profesores y los estudiantes se conviertan en filósofos para beneficio de la educación y la sociedad”

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