ENTRE CIUDADES, MOZAS Y DESEOS

Francisco José Cruz González. Cuentos de amor reincidente. Polonia la del corazón mediterráneo. México, Editorial Porrúa, 2006

Santiago de Querétaro, septiembre de 2008.

Una dimensión del texto literario nos acerca al umbral de nuestras obsesiones más íntimas, justo en la medida en que ahí se diluyen las fronteras entre las motivaciones del escritor y las de sus personajes. Imágenes y emociones suelen fundirse cuando concurren personas, lugares y eventos al garete del tiempo y los deseos. El yo se desdobla en una especie de imagen especular cuya identidad se trama en la soledad de la escritura. Y la magia sucede. De las páginas aparecen ciudades entrañables y personajes, situaciones y experiencias vivas sedimentadas por la fuerza del imaginario en tensión que adopta el sentido de un ardid: esto que cuento no ocurrió así, pero así lo cuento. El receptor lo acepta porque lo sabe: esto que leo no es así, pero me gusta. En esa dirección viajan las historias que Francisco José Cruz González ofrece en el volumen que reúne dos colecciones: Cuentos de amor reincidente y una crónica de amor entrañable: Polonia la del corazón mediterráneo. Se trata de una oportunidad para el ejercicio profesional asociado con la literatura, toda vez que en el desempeño de sus funciones los diplomáticos del servicio exterior se inscriben en una añeja tradición que liga el asombro con la escritura. Pensamos en José Juan Tablada, en Efrén Rebolledo, en Octavio Paz. También pensamos en Hugo Gutiérrez Vega y en Sergio Pitol, sólo como ejemplos para armar el campo de pertenencia de nuestro autor.

En sus Cuentos de amor… Francisco José puebla escenarios y circunstancias con relativa ostentación de quien conoce costumbres y ciudades para desplegar sagas y anécdotas cercadas por el buen humor y el divertimento. Desde Málaga hasta Matehuala; entre el Iguana bar en África del Oeste y El Tenampa defeño nuestro diplomático sabe muy bien que el interés lector es condición insoslayable para la aventura de la construcción literaria y basamento para el edificio de lo permanente. Por ello no ahorra adjetivos certeros y acercamientos hacia los sitios de encuentros eventuales y cuerpos de mujeres bellas, porque un sesgo de sus miradas, las del escritor, nos remite a la descripción entusiasta de dorsos y brazos; de senos y labios; de caderas y encantos varios del jardín de los deseos. Acaso este rasgo muy frecuente en sus historias es el índice más evidente de la narrativa de Cruz González: cierto apego, cierta adhesión fervorosa al entorno de la alteridad femenina.

En la segunda parte, Polonia, la del corazón mediterráneo, “entre montañas de datos aparece la nostalgia”, sostiene el narrador, la vehemencia se vuelca hacia esa especie de posesión subjetiva que envuelve a los amantes cuando evocan encuentros inolvidables. La memoria filtra lo mejor de las objetivaciones empíricas, temporadas de estancia, rincones y  lugares asociados con la fascinación, personas y personajes instalados en el inventario interior, la plenitud de lo humano desde el asombro fijo en las representaciones de un pueblo milenario. Francisco José aprovecha la oportunidad para tomar apuntes, subrayar fechas y acontecimientos, enaltecer las bondades de su percepción. Esta crónica relato, de suyo inconclusa, luce el tono de quien agradece,  ojos arriba, la ocasión de vida en el misterio de la identificación con otra cultura. Y logra transmitir el rumbo de su experiencia con su propuesta: gozosa y amplia, entusiasta y breve como toda buena literatura.

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