“EL DIABLO” ATACA DE NUEVO

Violencia doméstica y otros disturbios. Julio Cervantes.
Querétaro, Ediciones Sangremal/Seminario de Creación Literaria, 2006.


Desde su primera incursión poética en el año 2000 con el cuaderno de Crótalo bautizado con el título de Violencia doméstica, Julio Cervantes mostró el talante de su decisión para ofrecer su lectura de lo que identificamos como poesía. Luis Enrique Gutiérrez Ortiz Monasterio y Luis Alberto Arellano, sus editores emergentes, apostaron al discurso poético del “Diablo”, en la medida en que las  actitudes informales, irreverente y cínicas del más insaciable bebedor de Querétaro les eran entrañablemente afines. En aquella ocasión la sorpresa fue mayúscula para la banda de amigos y admiradores de Julio que ya apreciaban sus habilidades artísticas con la serigrafía y los vitrales. Celebraron, además, la buena puntada de dar a conocer públicamente a una de las más jóvenes promesas del olimpo queretano, tal vez con la chabacana idea de que no pasaría de allí.

Sin embargo, en el intermedio de aquella fecha y el presente “El Diablo” se dio de alta en un tugurio de pasiones bajas con el propósito infiel de dar rienda suelta a las suyas; es decir, se inscribió en el Seminario de Creación Literaria, en el taller de poesía de los más avezados. Quién lo viera asistiendo regularmente a clases, morral al hombro, fumando sin apagar, corrigiendo una y otra vez el desparpajo de sus textos. ¡En la madre -comentamos algunos-, ya se la creyó! Porque, en efecto, la toma de conciencia de lo que se es, es el primer paso para asumirse como tal. Y “El Diablo” ha venido oficiando el ceremonial de escribir, entre chamba y peda, con la actitud gozosa de quien se asume poeta. Justamente, a partir de su primer poemario, le fue anexando greguerías, episodios gruesos y otras evocaciones que ahora se reeditan como Violencia doméstica y otros disturbios, subrayando su filiación original y el acierto de su continuidad.

En su segundo escarceo con la poesía Julio nos entrega un conjunto de textos desiguales en extensión, intención y alcance, cuyos méritos pueden apreciarse en esa aparente sencillez que corre paralela con el lenguaje directo. En el frente, algunos balbuceos, trazos apenas de eventos cotidianos velados por la sugerencia inteligente, los indicios frescos y condensados en imágenes inconclusas. Se trata de una poesía que se asoma desde un imaginario tramado por la experiencia de la inmediatez y representado con la brevedad; arrebatos de una sensibilidad que demanda su reconocimiento, pese a la austeridad de su concreción. “El Diablo” habla poco, pero procura lo sustancial. Sus ocurrencias más vigorosas se asocian con las atmósferas de un erotismo al alcance de la mano, cuyos desenlaces dejan ver la parsimonia en la contemplación y disfrute del cuerpo: ese “tarro de miel sin medida” que nuestro poeta apura entre música y tragos.

Otros tonos pueden advertirse cuando las evocaciones se encuentras con la nostalgia y Julio toma una distancia con lo social. La “Oda al viejo policía”, por ejemplo, es un poema que “El Diablo” puedo ampliar, considerando la diversidad de circunstancias del personaje.

Lo mejor, en suma, de esta novedad editorial, consiste en que el parnaso queretano cuenta ya con un ángel maldito, condenado a purgar con una obra poética mayor, las tribulaciones de su existencia hedonista y cachonda como la del “Diablo” amigo. Salud.

Querétaro, Cantina “La Castellana”, diciembre de 2006.

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