CELEBRACIÓN DE LA PERRA

Bar Papillón y el poema triste. Jorge Humberto Chávez.
Edición bilingüe Español/francés, tr. de Franoise Roy..
Québec/Tlaquepaque, Écrits des Forges/Mantis Editores, 2004.


Rejega y frívola como pocas la gruñona suele merodear los subterfugios más profundos de la intimidad para morder sin mesura y manifestarse luego  en los resquicios de ese temblor que brilla en los escarceos de la carne. Para percibirla, para poseerla hay que acercarse lo suficiente, fijarla con mira de seductor, aunque el riesgo es proporcionalmente mayor al tamaño de su deseo. Ahí donde las conmociones humanas sedimentan su pasión de víctimas,  la perra elige el trance preciso, el fondo de un vaso turbio; el poeta, los términos, “esta larga lengua de autopista”, el tono. Cuando se conjugan con la oportunidad de las experiencias primigenias poesía y poeta se poseen con la reciprocidad que es posible sospechar en los encuentros amantes. El autor de este brebaje, con el sigilo que sucede a la madurez, ronda el ámbar de un umbral entrañable a sus mejores tragos para beberse una con otra las insinuaciones de la perra sarnosa.  

Cercados por el placer y la añoranza de estar ahí ambos se invocan con la intermitencia de una voluntad forjada para fundir palabra y visión en esa hilera de instantes comunes y deliciosos; afines y trágicos. Bien vale la vena cava el estallido de esa respiración que el hijo de Lebu hace latir con ostentación de vida: Rojas, Rojas, no para leerlo sino para beberlo, porque una seguidilla tonal en la reiteración de los poemas de Jorge Humberto Chávez se enciman, se aproximan a los vertederos de aquel Relámpago chileno. La poesía debe ser de quien la vive.

Implacable como es, la poesía hinca sus incisivos con su sola mención y en ese menester ansias y sustancias embriagan al receptor seducido por el acecho. En un reducto las comisuras de un cenobita posmoderno que ejerce su ministerio frente al espejo nocturno de un bar: luces y sombras, vasos y besos; en otro solar las cuotas de fidelidad hacia fraternos que viven en este y en otros mundos: Pepe Revueltas y Jhon Lennon, Thomas Mann y José Carlos Becerra.  

Hablo de Bar Papillón y el poema triste con la sensación de quien bebe, alta la noche rendida en un toque de queda por el placer de erigirse interlocutor de sus entrañas, sin más castigo en la sangre que un wisky doble asumido con la vehemencia de un fajador haciendo sombra, y los labios improbables de una mujer ajena. Fatalmente la mejor.  Se trata de un poemario solícito a caballo entre la vigilia y el deseo después de cuatro rondas lentas y diáfanas, bajo la vestidura musiquera de un sax discreto y el último autobús urbano. Sea por dos el alboroto del espíritu libando muslos donde brillan vasos, óptimos los senos que la ensoñación frecuenta en sus arribos cuando un extremo del alcohol nos avasalla y el aliento inmisericorde se nos fuga. La extensión ideal de un poema puede estimarse con el tamaño del trago que lo anima. Puede traducirse desde ahí la elección que nuestro poeta propone para instalarnos en escenarios emblemas, o en territorios marcados por la memoria social. Norteño, al fin, este poeta de Ciudad Juárez contempla el horizonte de Norte a Sur y su mirada abarca una zona que nos incluye en el sitial que anhelamos, como una “colección de historias” ávidamente nuestras.

Parece decirnos con parsimonia de bebedor erudito que la poesía se apura mejor en el spleen nocturno de un bar, o para seguir el tono tan caro a los videntes, “en el rincón de una cantina oyendo una canción”. Sea cual fuere el rumbo de nuestra preferencia Bar Papillón. . .  debe leerse con la izquierda sin las premuras del ajetreo mundano, cercados por la soledad  de un lunes por la noche y un Herradura blanco en la derecha.

La ocasión gozosa de una boca mirándose en el fondo de sí como se sabe, o las fisuras de una filiación fraterna suspensa en la memoria de eventos ancilares bosquejan el volumen que Écrits des Forges desde Québec y Mantis Editores en Tlaquepaque incluyen en una colección ya centenaria, si la juzgamos por la ronda de volúmenes editados en estos diez años e imprescindible si de acercarnos al espectro de la poesía vigente se trata. El poemario de Jorge Humberto Chávez corrobora con creces la relevancia de ese esfuerzo editorial. Salud.

Querétaro/25 de mayo/2007

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